Hay cosas en la vida que uno siente que tiene que hacer.
Origen es una de ellas.
No haberlo hecho me habría dejado, quizá, una sensación de deuda conmigo misma. Un vacío difícil de explicar.
Y quizá por eso, cada vez que hablo de esta casa o de Ojós, tengo la sensación de que parezco una exagerada. Como si todo me pareciera maravilloso porque sí.
Pero no es solo una cuestión de cariño. La casa, el entorno y el pueblo tienen algo especial, y yo además los miro desde todo lo vivido aquí.
Ahora que existe, y viendo todo lo bueno que ofrece, siento la necesidad de compartir este pequeño gran espacio. Un lugar donde sentirse como en casa, rodeado de montañas, huerta, río y silencio.
Hay lugares que no necesitan demasiado para hacerse querer. Este es uno de ellos.
Y compartirlo con quien sepa apreciarlo forma parte, también, del sentido de este proyecto.